LA DIETA MACROBIÓTICA

La Dieta Macrobiotica de Moda
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La Dieta Macrobiotica de ModaLa Macrobiótica no es una simple dieta destinada a controlar la ingesta diaria de proteínas con el fin de adelgazar aunque la palabra se asocie en el lenguaje coloquial con la idea de una dieta frugal a base de cereales. En realidad es toda una filosofía de profundas raíces orientales que utiliza los alimentos como un medio para conseguir un ser humano mejor con una vida más plena y saludable. Y como consecuencia, un mundo mejor y en paz.

Como toda filosofía la aplicación de la Macrobiótica en las últimas décadas se ha visto sometida a distintas interpretaciones. Desde aquéllas que se muestran más radicales en la aplicación de sus postulados iniciales a quienes entienden que puede -y debe- estar sometida a una revisión constante que la aleje de sectarismos. George Ohsawa, su creador, advertía: “La práctica sin la teoría es peligrosa: la teoría sin práctica es inútil”.
Ohsawa -cuyo nombre real fue Nyoti Sakurasawa– era japonés. En 1910 mientras su familia moría de tuberculosis fue curado por un médico tradicional. Sin prescribirle medicamentos alopáticos consiguió la purificación de su sangre a través de una dieta simple que seguía la proporción de una parte de sodio (Na) por cinco partes de potasio (K), la misma que consideraba se da en nuestra sangre. Sakurasawa, personaje de mente inquieta y creativa, se preocupó a partir de ese momento por la curación natural percibiendo un claro paralelismo en la relación sodio-potasio con la relación yin-yang de la filosofía oriental y dedicó buena parte de su vida a estudiar esa dialéctica y a buscar la forma de aplicarla a todos los ámbitos de la vida humana.
Fue así como identificó el yin y el yang de los alimentos como la base de una gran parte de nuestra energía vital, de nuestra salud, de una mayor longevidad y, en su máxima expresión, como un camino para afrontar la enfermedad a partir del conocimiento intuitivo o profesional de los problemas o desequilibrios energéticos de la persona. Eneste planteamiento los síntomas de la enfermedad serían en realidad señales de un desequilibrio entre el yin y el yang mientras la salud sería el fruto de un estado de equilibrio entre esas dos fuerzas. La clave para la Macrobiótica es pues distinguir no sólo la calidad biológica de nuestros alimentos –que deben ser integrales, orgánicos y naturales- sino sobre todo de sus cualidades yin y yang y, por tanto, requiere saber equilibrar los componentes yin y yang de lo que comemos de acuerdo con nuestro estado de ánimo o nuestro estado físico. Algo que por otra parte el ser humano viene haciendo de forma intuitiva en la cocina desde siempre como se demuestra, por ejemplo, en la combinación de la carne (yang) con ensalada o patatas (yin).
En suma, es a través de la elección de los diferentes tipos de alimentos, su combinación y su método de cocinarlos como la Macrobiótica enseña a corregir el desequilibrio yin-yang.

ALIMENTACIÓN YIN Y YANG  

La Macrobiótica no es un régimen vegetariano. Acepta la ingesta de carne, pescado, huevos, cereales, verduras y legumbres… siempre que sean naturales e integrales. Es más, se pueden comer los alimentos que se quieran una vez se han comprendido sus cualidades energéticas y siempre teniendo en cuenta que la alimentación es una parte más de una reflexión sobre lo que somos en nuestra vida diaria, nuestros pensamientos y emociones, nuestra aportación al mundo que nos rodea y nuestra relación con el universo.
Michio Kushi, uno de los principales difusores de la Macrobiótica, estaba convencido de que “el alimento nos crea” y que cuando uno come adecuadamente se siente físicamente más enérgico, mentalmente más lúcido, emocionalmente más cómodo y espiritualmente más elevado. Si, por el contrario, el alimento es inadecuado nuestra salud declina, nuestra mente se enturbia, nuestras emociones se perturban y nuestro espíritu se vuelve caótico. Aunque él defendía en su Dieta Macrobiótica Estándar evitar completamente el consumo de carne decidir si se toman productos animales o no, de qué tipo y en qué cantidad no deja de ser una decisión individual que la Macrobiótica admite y que dependerá del estado de salud y del objetivo que se quiera obtener con la alimentación.
La Dieta Macrobiótica debe además adecuarse a cada persona según su constitución física, el país donde vive y la estación del año. Supone, en definitiva, volver los ojos a las pautas alimenticias que han regido nuestra evolución, basada principalmente en los cereales integrales combinados con legumbres, verduras y hortalizas a lo que se debe sumar la ingesta de frutas de forma ocasional.
En términos simples, y volviendo a la cualidad yin-yang de los alimentos como base de la dieta, lo yin se corresponde con lo femenino, expansivo/extrovertido, fresco, con alto contenido de agua, ligero y de crecimiento rápido; en cambio lo yang es masculino, concentrado/reservado, caliente, seco, denso y de crecimiento lento. Pues bien, la cocina macrobiótica busca una relación constante entre estas energías opuestas pero complementarias.
Estos son algunos conceptos básicos de la alimentación macrobiótica:
-Nuestra base alimentaria debería estar en los cereales ya que en ellos el equilibrio yin-yang es el que más se aproxima al ideal de nuestro organismo. El arroz, la cebada, el mijo, la avena, la quinoa, la escanda, el centeno y el teff integrales son considerados por la macrobiótica los alimentos en los que el yin y el yang muestra un perfecto equilibrio. Pero insistimos en que deben consumirse en forma de granos integrales ya que cuando un alimento se refina pierde parte de su naturaleza nutricional y se desequilibra.
-Con la excepción de las algas marinas todas las frutas y verduras son alimentos yin. El pescado, la carne, los huevos y casi todos los alimentos de origen animal son yang.
-Los tomates, pimientos, patatas, berenjenas, espinacas y remolacha así como el aguacate se consideran extremadamente yin y por tanto no se recomienda su consumo salvo de forma muy moderada.
-El dulce es la comida que más energía yin contiene. Los azúcares -sobre todo el azúcar refinado- y ciertas frutas son buenos ejemplos de alimentos muy yin. Es mejor abstenerse de ingerirlos.
-La leche y sus derivados deben sustituirse por fuentes no animales de calcio; como las algas marinas y otros productos naturales.
-La salinidad es una característica yang. Cualquier alimento salado pues -encurtidos, caviar, quesos salados…- es muy yang.
-Las frutas y verduras refrigeran el cuerpo y bajan la temperatura interior. Los alimentos procedentes de animales –por su concentración de proteínas- son, en cambio, calientes y muy yang.
En suma, como quiera que el verano es el momento más yang del año el organismo nos pide equilibrar la energía caliente de nuestro medio ambiente con alimentos crudos y alto contenido de agua o ligeramente cocidos. Por eso comemos más ensaladas, frutas y alimentos frescos. Y seleccionamos alimentos sólo moderadamente yang -como el pescado- en lugar de alimentos intensamente yang, más habituales en invierno. Y así, cuando la estación cambia y llega el frío, es el tiempo de las sopas (que puede tener energías yin y yang), guisos y asados. Y elegimos más alimentos de la parte final del espectro yang. Esto nos asegura que mantendremos el calor.
Añadiremos que los alimentospoco cocinados constituyen el método yin de preparación de los alimentos cuya idea es conseguir mantenerlos lo más frescos e intactos posible. Por el contrario hornear, guisar, asar y estofar son métodos de preparación yang en los que se fusionan sabores y texturas
La combinación de todos los alimentos señalados permite una amplísima variedad de combinaciones y platos. La Dieta Macrobiótica Estándar por ejemplo incluye un 50% de cereales en invierno y un 30% en verano, un 25% de verduras en invierno y un 35% en verano y, finalmente, tanto en invierno como en verano un 10% de legumbres, un 5% de frutas, nueces y semillas,  un 5% de sopas con hortalizas y un 5% de derivados animales.
Y es que la Macrobiótica no sólo nos indica qué comer sino también cómo hacerlo y en qué proporciones. Dándose mucha importancia a masticar despacio con el fin de alcanzar dos objetivos: que las enzimas liberadas por la saliva ayuden a digerir la comida previniendo la acidez estomacal y que la sensación de masticar nos impulse a comer menos cantidad. Y puesto que la comida es un elemento fundamental la Macrobiótica sostiene que nunca debe comerse sin hambre siendo conveniente además hacerlo en lugares tranquilos que nos ayuden a reflexionar sobre el sentido de los alimentos ingeridos haciendo de la comida un ritual. Buena prueba de que toda filosofía evoluciona desde sus orígenes es que en la actualidad los estudiosos de la Macrobiótica defienden además la necesidad de comer y dormir fuera del alcance de los campos electromagnéticos.

MACROBIÓTICA Y SALUD 

Si como decía Hipócrates el alimento es la mejor medicina es fácil entender que siglos de perfeccionar el arte de preparar una amplia gama de alimentos hayan permitido atribuir propiedades terapéuticas muy específicas a algunos platos. Por ejemplo, se utiliza la raíz de loto para enfermedades de los pulmones y ciruelas saladas umeboshi para los problemas digestivos. Otros alimentos de gran valor terapéutico son el miso, el tamari, el tofu y el tempeh, todos ellos derivados de la soja. Y así muchos otros.
Sus seguidores aseguran que seguir la Dieta Macrobióticaevita el sobrepeso y la obesidad, el exceso de colesterol y la hipertensión además del estreñimiento al aportar mucha fibra. Y ayuda a reducir la frecuencia de ciertos tipos de cáncer y a mejorar en más de doscientas patologías, entre ellas los problemas cardiovasculares y la diabetes.
Quizás sea mucho decir pero el simple hecho de que la Dieta Macrobiótica elimine de nuestros hábitos todos los productos refinados -como el azúcar o el pan blanco-, la carne, los embutidos, los dulces industriales, las bebidas alcohólicas, los refrescos industriales y la leche la convierte en una dieta sana.
Sin embargo la cuestión sobre su aportación a la salud se vuelve más controvertida a medida que se va haciendo más restrictiva y se van eliminando cada vez más alimentos. Ohsawa dividió la alimentación macrobiótica en 7 dietas que van desde la más permisiva en cuanto al número de productos a consumir hasta la más severa, la séptima, recomendada en el proceso de curación macrobiótica de la mayoría de las patologías. Se realiza a base de un solo cereal durante 10 días -como desayuno, comida y cena- siendo el más recomendado el arroz integral. Es una dieta que debe personalizarse según las necesidades y características de cada persona de acuerdo a su yin y yang. No debe superar los 10 días y nadie debe hacerla sin la supervisión de un experto en macrobiótica. Y es que seguir una dieta macrobiótica restrictiva bien supervisada para aliviar un determinado trastorno puede ser positivo puntualmente pero continuar con la misma dieta o con otra aún más restrictiva cuando uno se ha recuperado puede provocar nuevos problemas de salud.
Los detractores de la Macrobiótica señalan que en los casos más restrictivos puede haber riesgos de carencia de calcio, magnesio, vitaminas A, B12, C, D y riboflavina, proteínas y ácidos grasos omega-3 de cadena larga. Incluso problemas para el riñón por la falta de líquidos. El consumo de alimentos bajo este sistema puede llegar a ser insuficiente en verduras y a veces excesivo en sal. Y no olvidemos que la deficiencia de hierro y vitamina B12 puede causar anemia además de raquitismo en los niños.
Ahora bien, estas críticas se refieren a la versión extrema de la dieta que -no lo olvide- debe seguirse siempre de la mano de alguien experimentado y durante un corto plazo de tiempo. La realidad es que son cientos de miles de personas en todo el mundo las que ya realizan una práctica macrobiótica diaria como una forma de vida mejor y más sana. Y, por cierto, gran parte de las normas de la Dieta Macrobiótica se recogen en La Dieta Definitiva.

via: dsalud.com   Helena Santos

imagen de : pixabay

 

 

 

 

 

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